Pagar en cómodos plazos…


¿Le gustaría tener un televisor de última generación, ese coche que tanto le gusta o un colchón de trixcolatex de alta tecnología con el que descansará tanto que rejuvenecerá diez años de golpe? No se preocupe, ahora usted lo puede comprar y le ofrecemos la oportunidad de pagarlo en cómodos plazos, de forma que usted no se dará ni cuenta de que los está pagando… (pero nosotros sí).

¿Os suenan los mensajes publicitarios de este tipo? Pues precisamente el no darnos cuenta de lo que pagamos es uno de los mayores errores en los que podemos caer. Comprar un producto y pagarlo a plazos normalmente está asociado con un financiamiento, y éste tiene unos costes, aunque normalmente tendremos que preguntar al vendedor o mirar la letra pequeña si queremos averiguarlos.

Pagar una compra a plazos tiene la misma consideración que solicitar un préstamo al consumo o utilizar nuestra tarjeta de crédito como forma de financiación. Como norma general, deberíamos evitarlo a toda costa. Por una parte, el esfuerzo económico que nos supondrá pagar las cuotas es mayor que el esfuerzo que nos hubiera supuesto ahorrar el dinero necesario. Por otra parte, contraer una deuda es como echarnos una soga al cuello. Como nos falle una pata de la silla en la que estamos apoyados,…vamos a pasarlo un poquito mal.

Veamos con un ejemplo qué hay detrás de los “cómodos” plazos. Supongamos que nos enamoramos de un televisor que cuesta 2.000 € y nos ofrecen la posibilidad de pagarlo a plazos durante tres años pagando 74 € al mes. ¿Quién no puede tener este pedazo de televisor por este precio? Esta cuota se ha calculado aplicando unos intereses del 20% anual, que es una cifra bastante normal para este tipo de compras. Algunas veces nos ofrecen pagar a plazos sin intereses, pero no suele ser lo habitual.

Estas ofertas nos producen el efecto psicológico de hacernos pensar que podemos disponer de forma asequible de un producto bastante caro, tan caro que si tuviésemos dinero ahorrado posiblemente no nos gastaríamos 2.000 € en un televisor, sino que compraríamos otro más barato. Vamos un poco más allá. Haciendo un cálculo rápido podemos averiguar cuánto tendríamos que pagar por el televisor durante los tres años:

74*12*3 = 2.664 €

Como veis, el caprichito está saliendo más caro de lo que pensábamos, concretamente 664€ más de lo que cuesta realmente. Yo desde luego preferiría dejar esos 664 € en mi bolsillo y disponer de ellos para otra cosa, así que lo de comprar el televisor a plazos ni me lo plantearía.

La otra opción es pagarlo al contado con nuestros ahorros. Al pensar en ello nos daremos cuenta de los que cuesta realmente y podremos pensar mejor si queremos gastarnos 2.000 € en el televisor o no. ¿Y si realmente necesitamos comprar el televisor y no tenemos suficiente dinero? Pues si no tenemos dinero ahorrado será porque no hemos querido, ya que si pensamos que podemos pagar cómodamente 74 € al mes, también podemos ahorrar como poco esa cantidad y tendríamos un fondo de reserva lo suficientemente grande como para poder realizar compras de este tipo, atender imprevistos, etc. Así que lo más sensato es que sigamos ahorrando.

Es sorprendente ver cómo la compra de productos a plazos está tan extendida siendo tan negativa para la economía de los consumidores. ¿Cómo podemos evitarla? Pues planificando nuestro ahorro, llevando un control de nuestros gastos y elaborando un presupuesto doméstico. Estas prácticas son básicas para la salud de nuestras finanzas personales.

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